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COMENTARIO ACERCA DE LA SITUACIÓN DE SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA 

(LUEGO DEL FALLO ADVERSO CONTRA COLOMBIA POR PARTE DE LA CIJ)

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Aunque llevo su nombre, no he tenido la fortuna de visitar nuestro hermoso archipiélago colombiano caribeño de San Andrés y Providencia. [1] Pero no tengo que conocerlo para poder sentir, como colombiano que soy, las serias dificultades en las que la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) —Corte que no ha cumplido aún los 100 años de existencia dentro de la compleja y larga historia humana de instituciones políticas [2]—- ha puesto a los conciudadanos de nuestro departamento isleño. Como lo pone una columnista de la isla: “nuestras lágrimas se confunden con el mar”. [3] Las nuestras también; ellas se confunden con las aguas, hasta hace poco protegidas, de su mar. Sin duda alguna ningún ciudadano nicaragüense se ha visto así afectado. Y tan es así que parece hay poquísimas columnas nicaragüenses sobre el tema, con excepciones como la muy cuestionable escrita por el médico Mauricio Mendieta. [4] Tal vez sea porque, un poco injustamente (!), no he buscado con mucho esmero; pero sea como sea a la del doctor Mendieta regresaremos.

Y el golpe es doble, por no decir bajo. No sólo porque dicha decisión ha exacerbado/podría exacerbar aún más las tensiones al EXTERIOR con el mismo país Nicaragua (incluso algunos opinan, no sin razón, que también con Venezuela)[5] , sino —-más grave aún—– lo ha hecho, como veremos, al INTERIOR mismo de nuestro país. Ya el Presidente Santos, muy probablemente merecidamente/justamente, ha caído en los sondeos en más de 10 puntos. [6]

Pero además, y esto es de conocimiento de la CIJ  —–o debería serlo, ya que la CIJ es defensora, y debe ser ejemplo, del “deber ser”—– la decisión llega en momentos en que al MISMO tiempo y con gran coraje Colombia inicia un proceso de paz frente a la guerrilla de las FARC en Cuba luego de más de 60 años de violencia ininterrumpida. Ya los efectos en este sentido también se han hecho sentir; si antes de la decisión el optimismo ante el proceso de paz con la FARC llegaba a 41.6%, ahora lo hace tan solo al 25.7%. [7]

Por ello debemos preguntar: ¿acaso no comprende la CIJ los alcances de su “poder”? ¿Acaso esa comprensión no implica cierta postura autocrítica y prudencial? ¿O es que los criterios de justicia de la CIJ, para poder funcionar, deben recurrir a una cierta objetividad que sigue de cierta manera el modelo moderno de la ciencia, dentro del cual lo realmente importante termina, en últimas, siendo secundario? ¿Pero no sería esto extraño, a saber, que lo fundamental pasara a segundo o tercer plano? ¿Qué postura ante la cuestión de la justicia internacional permitiría semejante reversos? Por ejemplo, ¿acaso la problemática de la justicia es tan solo, o siquiera fundamentalmente encontrar el adecuado ratio entre “x” y “y”, a saber el 8 a 1 casi orgullosamente presentado por la CIJ en el caso en disputa como resolución al conflicto limítrofe? O más conceptualmente, ¿es acaso la justicia en su más fundamental concepción reducible a cuestiones de justicia retributiva? Pero, ¿no sabemos todos de memoria ya que la justicia también tiene que ver con aspectos distributivos, es decir, de meritocracia? Para ser claros, ¿no es por ello que Colombia se ha sentido vulnerada por una decisión que no corresponde a SUS méritos dentro de la región? Por ejemplo, ¿no ha sido Colombia clara en su protección de la Biósfera Seaflower declarada “por la UNESCO como Reserva (para la humanidad) en el año 2001 por sus ecosistemas terrestres, costeros y marinos; constituidos por manglares, pastizales marinos y arrecifes coralinos”, [8] a diferencia de los Nicaragüenses, uno de los cuales es el mencionado doctor Mendieta quien escribe:

“Simultáneamente a esa acción en la ONU, Nicaragua debe comenzar ordenadamente a otorgar concesiones pesqueras en la zona, así como también autorizar las muy importantes exploraciones petroleras en la zona.” [9]

O en palabras del columnista isleño Micky Calero, quien al preguntarse: “¿Qué va pasar con esa reserva ahora que la Corte Internacional de la Haya entregó parte de esa aguas a la nación de Nicaragua?”, se autoresponde de manera preocupante:

“… el Gobierno de Nicaragua …. ha expresado claramente al decir que como Colombia no quiso el petróleo, ellos sí. En una entrevista televisada uno de sus diputados lo expresó con esas mismas palabras.” [10]

Por ello volvemos a preguntar, ¿es la pregunta por la justicia reducible a cuestiones retributivas, la que pareciera ser la postura de la CIJ? ¿No es esto de entrada una cierta injusticia? A ello volveremos.

Pensadores políticos de incomparable altura como Aristóteles —-que no pertenecen a la “tradición” de la Corte— son claros al respecto: esa reducción es de hecho injusta/incompleta. [11] Estos pensadores que cuestionan inteligentemente “tradiciones” como las que se encuentran a la base de la CIJ  —que podría recibir el nombre de “idealismo moderno”, tradición inaugurada por Grotius y desarrollado  aún más por Kant— son recuperados de manera crítica en obras tales como la impresionante Justice Among Nations (Justicia entre las Naciones), co-escrita dialógicamente por los Profesores Pangle y Ahrensdorf. Su subtítulo es llamativo: “On the Moral Basis of Power and Peace” (“De la base moral para el poder y la paz”). [12] No recuerdo cómo se llamaban esos libros cortos que resumían las grandes obras clásicas en pocas páginas (¡por ejemplo, Don Quijote en 50 páginas!), y que eran  usados por estudiantes “con poco tiempo para leer” para poder pasar los exámenes. Todos los involucrados en esta crisis debemos buscar esos resúmenes con urgencia para este libro;  o, preferiblemente, leer el original. Ya volveremos a ello.

Pero de manera concreta y como lo indica críticamente en el mismo sentido el siempre agudo General colombiano Valencia Tovar:

“No me parece que la suerte de diferendos entre Estados y naciones deba dirimirse ante magistrados ajenos a las realidades de pueblos y circunstancias, que ni siquiera se toman el trabajo de visitar las áreas de conflictos bilaterales para conocer la idiosincrasia de los pobladores y compenetrarse con la realidad histórica y jurídica de los diferendos.” [13]

Si lo que el General indica es veraz, entonces nos cabe preguntar de nuevo: ¿no es esta postura en cierto manera un efecto del deseo de PURA objetividad que caracteriza a la CIJ como ente radicalmente moderno? Porque, ¿para qué adentrarse en las subjetividades de las partes en conflicto, si tenemos una especie de “manual”  —o peor aún un imaginario mental rígido incuestionable—- que hace caso omiso de estos elementos? Resolución retributiva = Nicaragua 8 – Colombia 1. [14] ¿Cómo lo sabemos? Midiendo (desde lejos).  Y, profundizando aún más en la misma línea, no en vano también preguntan muchos como el isleño Israel Jackson: ¿Cómo pretende la CIJ legislar de manera definitiva e irreversible sobre la Reserva de la Biósfera Seaflower –—que va mucho más allá de los intereses de Colombia y Nicaragua; va más allá de lo político y lo humano—- sin haberse “adentrado” en sus aguas? Porque debemos preguntar, ¿acaso la CIJ también tiene jurisdicción sobre los bienes naturales no-humanos?  Y si fuese así, ¿de dónde exactamente obtendría semejante  autorización de la fauna y la flora? ¿Acaso dicha fauna, dicha flora, han firmado algún contrato o tratado? [15]

Ahora bien, si las anteriores preguntas tienen algo de poder argumentativo y racional, entonces, ¿a qué tipo de justicia hace referencia la sentencia de la CIJ? Porque resultaría en verdad irónico que el objetivo de la CIJ, a saber “to settle, in accordance with international law, legal disputes submitted to it by States”,  (“resolver, de acuerdo a la ley internacional las disputas legales presentadas por Estados”) [16] fuese simultáneamente subvertido por la desestabilización de los Estados mismos que VOLUNTARIAMENTE y en buena fe recurren a su “sabiduría” por el BIEN de la comunidad de Estados Internacionales interesados en un mundo más seguro y pacífico. Y Nicaragua con su terrible historia fratricida, también sabe —-o debería recordar—– lo que está en juego al desestabilizar el proceso de paz colombiano con las, poco queridas y poco admiradas, FARC. Y si Colombia fuese  un poder nuclear: ¿qué peligroso sería su desestabilización, no es verdad? Repitamos: una CIJ sin Estados, pues resulta irrelevante. No en vano Colombia se ha retirado del Pacto de Bogotá. Y de manera similar, una isla sin un mar justo resulta pues un continente, pero pequeñito y en vía de extinción (!?).

O en otras palabras, todos nosotros colombianos recordamos las palabras de nuestro famoso entrenador de fútbol Maturana a las que hace alusión la caricatura de Matador con las que comienza este muy incompleto comentario: “Perder es ganar un poco”. [17] Pero perder en fútbol es una cosa, perder soberanía otra muy diferente, una pérdida peligrosa: sobretodo si una de las partes considera que luego de su buena fe —y con argumentos sólidos— la decisión ha sido desmedida, desproporcionada y/o equivocada; es decir, injusta. Y es que, como indicamos, el modelo de justicia de la corte no es el único que los seres humanos han imaginado a lo largo de los siglos. Porque de nuevo resultaría extraño que sólo desde los años 1940 —época del surgimiento de la CIJ—- realmente nosotros los humanos al fin entendiéramos lo que es la justicia. A manera de ejemplo, ¿no presupone esta ideología una subyacente visión progresista de la historia en la que concepciones anteriores son simplemente consideradas como obscurantistas, o incluso infantiles? Pero no, como dijimos hay otras concepciones, y con una tradición reflexiva que incluye nombres de grandes como Tucídides, Sócrates, Aristóteles, y Cíceron. Es a ellos a quienes debemos recurrir para tratar, no sólo de hacer entender a la CIJ su inevitable pero preocupante ceguera, sino también y mucho más importante para que como ciudadanos colombianos entendamos en dónde nos encontramos frente a estos hechos y qué argumentos podemos manejar en nuestra defensa. Porque si se los dejamos sólo a abogados “expertos”, en un lugar por allá llamado La Haya, ya sabemos cómo terminamos, no? Terminamos no en “La Haya”, sino en “la olla”. Es así como un jurista denunció que el 99% de nosotros los colombianos estamos en la penumbre frente a los eventos que implican la pérdida de nuestro territorio. !Inaudito! [18] En contraste, el modelo de justicia inspirado en la obra de Tucídides comienza precisamente desde polos opuestos directamente conectados, en parte, con la participación de los mejores ciudadanos en los temas de trascendencia de su nación. Tales pensadores cuya obra ha resistido los vaivenes de más de dos siglos:

“were ceaselessly preoccupied with demonstrating how their reflections necessarily emerged from, and were elicited by, the passionate concerns and questions of practicing statesmen and citizens.”  (“estaban incesantemente preocupados por demostrar cómo sus reflexiones necesariamente surgían, y eran generadas, por las apasionadas preocupaciones y preguntas de sus estadistas y ciudadanos activos.”) [19]

Nada más alejado de una concepción de la justicia como objetividad pura.

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